El mundo se ha vuelto en mi contra.
Las vacaciones han terminado, y yo, sencillamente me siento devastada, acorralada y desprotegida. Mi rostro es todo un poema, me mantengo con tan poca fluidez que no me resigno a más de posar mis ojos en el mismo lugar sin pestañear, sin abrir mi boca, la cual se encuentra cerrada e intacta tan seca como acostumbra estar en momentos como este. Me siento lentamente sobre mi cama y con aún la mano sobre la maleta me deslizo con suavidad sobre la superficie de esta esponjosa cama, dejo salir un suspiro y cierro los ojos.
Ella, ¿te has puesto ya con los deberes?- Guardo silencio mientras la voz de mi madre me sofoca, todos los que se rodean se empeñan en hacerme ver esta realidad de la que me intento esconder.- Ella respóndeme.
Sigo con los ojos cerrados, haciendo caso omiso a ese ser tras la puerta.
Ella, ábreme la puerta, ¡Ya!- Su grito me espanta acabando por sobresaltarme, me dirijo a la puerta y la abro sin mucha énfasis.
¿Por qué no me has contestado? ¡Mañana volverás al instituto y aún no has empezado con los deberes!
No me han mandado nada.- Mi madre me mira confusa y con el ceño fruncido me fulmina con la mirada y da un paso adelante.
Ella Katrina Russo Nardi, te han quedado la mayoría de las asignaturas, he hablado con tu tutor. ¿¡Por que me lo ocultas1?
Desvio la mirada y me rasco la mano con pesar, suspiro con sonoridad y vuelvo a mirarla porque siento que me come con la mirada.
Ay mama, ya la haré después, estoy cansada.- Siento que tiemblo con cada sílaba y me cuesta hablar. Me mira confusa y mueve las manos mientras habla
Siempre me dices lo mismo, te advertí que la hicieras al principio, nada más terminar el instituto, pero no, para ella es más importante el campeonato de baloncesto.
La miro inexpresiva y me rasco nuevamente la mano con mayor fuerza
Te he dicho millones de veces que el baloncesto no te pagará tus necesidades para un futuro, te he dicho también que este año no vas a repetir.- La miro aún dudosa.- ¡No por encima de mi cadáver!- Desvio de nuevo la mirada con pesar y suspiro frustrada.
Ya está bien, se acabó todo. Te sacaré de baloncesto- empiezo a negar con la cabeza mientras mis ojos se llenan de lágrimas y apenas logro dejar salir de mi boca un chirriante y tembloroso no- Estás castigada y los fines de semana le pediré a tu padre que no te deje salir.- Mientras las lágrimas descienden empiezo a refunfuñar.
Por esta vez y todas las demás tus lágrimas no me van a hacer echarme para atrás. Te centraras en los estudios, aunque sea lo último que haga.
No mama, te juro que me pongo con los deberes y... puf, claro que pasaré de curso, es solo que me tienen manía. Pero el baloncesto no. Por favor...
No Ella, no daré un paso atrás has cavado tu propia tumba tu solita.
¡No mama, no, Ángela está también en baloncesto y no tiene problemas con los estudios, todo lo contrario lo lleva estupendamente! No puedes sacarme, no...
Es mi última palabra. Ponte con los deberes.
Y así concluyó la charla, dió media vuelta y despareció de la habitación.
…
Papa, no, no, no.- Suspiré mientras una lágrimas bajaba por mi mentón
Ella, cariño, tu madre tiene razón. Tu prioridad son los estudios, no puedes quebrarte por entretenimientos como el baloncesto.- Inspiré levemente
No, no comprendéis que el baloncesto no me resta tiempo ni dedicación, se me dan mal no puedo hacer nada para remediarlo. No es tan fácil como creéis, pero lo intentaré, te lo prometo, haré hasta lo imposible, sacaré en todo notable.
Eso quisiéramos todos, coincido con tu ímpetu. Pero como dice tu madre no hay vuelta atrás. Me tengo que ir, ya seguiremos hablando, cuídate.
Y tras estas últimas palabras insignificantes se oyó un pitido.
Me senté sobre mi cama y me enrollé entre las sábadas fundiendo mi rostro en la almohada e intentando no pensar en ello más, dejando al descubierto una lágrima que saboreaba el aroma de mi rostro. Cerré los ojos con fuerza y me propuse dormir mientras las gotas saladas, provenientes de mis ojos, me devoraban desde su origen.
***
Bienvenidos a un nuevo año de curso, ya falta menos, y… como siempre digo, y a muchos no les agrada escucharlo por la pesadez,- me miró de reojo y quité la mirada de inmediato ignorándolo.- hay que empezar como terminamos, no podemos relajarnos al principio y al final querer intentarlo. Nos esforzamos desde el principio.
El tutor se sentó sobre su silla y carraspeó, mostró una leve sonrisa tras esas gafas que aguardaban esos castaños ojos.
La mano me da unos tics y me dá por poner amonestaciones y negativos.
Algunos sonrieron ante la bromita, otros, que solo me componían a mi, pasaban desapercibidos.
Empecemos, voy a pasar lista y después empezaremos por el primer tema.
El cielo estaba despejado, anunciaba la llegada del verano, odiaba el verano. Por alguna razón desconocida no me agradaba nada el verano y la primavera. Suspire en silencio y volví a inspeccionar el espacio. Unas papeleras inútiles que no servían luego para nada, bancos que luego estaban abarrotados, el suelo que tantas veces pisé y-
Ella Katrina Russo.- La voz del estúpido del de Historia me sobresaltó, gritaba.- ¿Por qué no respondes? ¿acaso quieres que ponga falta?
Lo contemplé en silencio con mala gana y solté después, ignorándolo.
No te escuché.
Lo he repetido varias veces Katrina.- Lo odio, lo odio mucho, le había repetido mil veces que me llamara simplemente Ella.
Lo miré sin decir nada, intentándo no lanzar una de mis miradas de fulminación.
¿Se ha planteado la idea de acudir a un especialista de la sordera?- escuché algunas risitas
Sarcasmo, no pude evitar mi mirada de repugnancia hacia ese ser mordaz. Lo fulminé con la mirada y de repente en mi rostro se dibujó una sonrisa.
Pues la verdad es que nunca tuve problemas de sordera.- Lo miré penetrante y aumenté mi sonrisa dulce.- Lo que pasa señor Bianchi.- Su último apellido, del que muchos, se burlaban a sus espaldas y después este se enteraba.- Es que tiendo a ignorar ciertos seres que no… precisamente me agradan.
Puso los ojos en blanco y me miró con ira.
Ya sabe usted, es algo que sucede de manera inevitable.- Cambié de expresión y lo miré con inocencia.
Claro que sí Katrina, no se preocupe, ya sabe lo comprensible que soy. Cogió su tamagochi.- nada bueno, desde allí se habisaba a dirección.
Algunos me miraban con esa mirada triunfante, otros apenantes y los demás ni siquiera me miraban.
Jugueteé varias veces chocando mis dientes entre sí, me sentía liberada y triunfante, había jugado con la misma ficha. Aquel profesor me dio clases el año pasado, los cuales, no le había respondido a sus sarcasmos e ironías, pero se había confundido de día.
Finalmente dejó su aparato sobre la mesa con demasiada tranquilidad, y me miró de nuevo con una pequeña sonrisa falsa, recuperó aire de la nariz y soltó.
Bueno, para empezar con un buen trimestre, siempre es bueno ejercitar la memoria. Y no sabeis lo mejor. Va a contar con nota, como un examen sorpresa oralmente.- Todos bufaron quejándose, negando con la cabeza.- Sí, si, claro, pero… siento deciros que no todos tendréis tan agraciada suerte.- Sonrió y cogió su cuaderno, nos miró por última vez y levantó su dedo mostrándonos su yema y de repente lo hundió sobre la libreta.
Bajó, subió, con la mirada esquivando ciertos nombres y finalmente sonrió.
¡Vaya! Levantó la mirada de la hoja, y me miró de reojo.
Katrina Russo.- Mostré una sonrisa amarga.- ¿Cuándo se inicia la prehistoria?- La pregunta más fácil de historia, la que aportará más risas y burlas a mi persona por mi ignorancia.
Nada.
¿Katrina? Oh, lo siento.- Mostró una mirada falsa.- Edad de piedra, es también sinónimo.
Nunca me habían humillado tanto, desde aquel momento del pasado… mis pulmones se llenaron de oxígeno, demasiado para mi gusto, tragué salivo y lo miré con amargura. Quise salir de aquel lugar, abandonar el centro, meterme en una cancha… y golpear las canastas…
Quise llenar los bordes de los ojos con lágrimas saladas, y después saborearlas lentamente, sintiendo la exclusividad de esa esencia. Quise reproducir tantas como mi organismo me permitiese, explotar esa mina, sin arrepentirme luego.
¿Katrina?.- el ser despreciable se digna a seguir torturandome
Señor Bianche.- rompo el hilo de voz y sigo.- ¿Le he comentado alguna vez lo despreciable que es?
Quedó enbobado y abrió levemente los labios.
Para ello es necesario venir cada día a clase y ser participador.
¿Tampoco le he comentado que esta es la clase que más pereza da? ¿Acaso no ve cada día sus rostros? ¿No ve las veces que bostezan? Y bostezar es síntoma de-
¡Salga inmediatamente de la clase!- Lo miro con ira y después me levanto
Siento su mirada sobre mi persona, no de la mejor manera ni expresión, pero intento no parecer debatida, porque en verdad, no lo estoy.
Mientras camino parece que el mundo está dando vueltas, siento como si caminase sobre una espiral, completamente mareada agarro el pomo de la puerta mientras el profesor habla, habla con constancia, no se si se dirige a mi o no, pero no hago más que parecer normal. La mochila, por desgracia, se me cae de los hombros, y tengo que agacharme, se me debilitan los músculos al pensar en tal circunstancia. Y cierro los ojos de manera natural para agacharme, dirijo una de mis manos para cogerla, pero no encuentro nada, en mi mente está impregnada de esa negruna tan característica de ella, pero que por momentos, parece tragarme por completo. Respiro profundamente, pero me falta oxígeno, mis pulmones están vacíos, y necesito de ese elemento tan poderoso que ahora me falta.
Oigo repentinamente como mi cabeza se estalla contra el suelo, y un golpe fuerte se oye como un eco amortiguado sucede en mi mente.
En ese momento, solo soy capaz de proyectar, el leve golpecito que palpita en mi abdómen izquierdo.
***
Escucho el tic tac del reloj, cercano, muy cercano, de color amarillo y sonido primaveral. El color, es porque, el día lo caracteriza, el sol se ha apoyado sobre el horizonte, los pájaros gorjean su melodía, melodía la cual no pasa desapercibida ante mi persona, todo el espacio adquiere junto al color de las paredes un toque de serenidad. Me giro levemente, hacia ambos sentidos opuestos, pero lo cierto es que además del ronroneo del reloj, mi entrecortada respiración junto con mis latidos y el sonido del exterior apenas perceptible hacen que el lugar no quede deshabitado. El lugar está pintado con ese aire sofisticado, en el centro está una cama, yo sobre ella, arrimada hacia la pared, algo más grande de lo normal, dos sillones decoran el lado derecho, de color blanco cuyos tamaños se asimilan, entre ambos se sitúa una pequeña mesa sobre la que se encuentra un ramo de rosas frescas, unas cuantas revistas y un gran libro. Unos cuadros decoran esa pared que protagonizan los sillones, parecen abstractos y otros simplemente muestran fotos de hombres ancianos y cultos. En frente de mi cama se encuentra una puerta ancha, 2 metros aproximadamente, me doy la vuelta un poco y descubro que hay un par de botones pegados en la pared, uno es de color rojo, otro verde y otro amarillo. Son los típicos botones que aquí, en Italia, usan, se llaman ``pulsadores de emergencia´´…
Me dejo caer sobre la suave y algodonosa almohada, y pienso, pienso demasiado para mi gusto. Me agito internamente y quiero desaparecer por completo, cierro los ojos con fuerza y rememoro los acontecimientos. Involuntariamente. Cada una de las palabras.
Aún sigo odiándolo, lo odio bastante.
Ella…- Una voz me hace sobresaltarme, mis ojos se agrandar al presenciar semejante imagen.
No puedo hablar, aunque tampoco tendría nada que decir.
¿Te encuentras bien?- Se acerca levemente y muestra una pequeña sonrisa
Asiento tragando saliva aún mirándolo embobada.
¿Quieres algo? Siento que estás algo… conmocionada
Mi madre.
Oh, si, ya la he avisado hace media hora, pero.- hizo una pausa quitántome la mirada apenado.- No contestaba.
No, no, ¿la has llamado más veces? ¿La has llamado con mi móvil? Porque seguro responderá.
Tranquila, si lo he hecho repetidas veces, pero no contesta. No he encontrado forma de contactar con ella. Y también llamé a tu padre, y bueno, se encuentra al otro lado de la ciudad.- Mi boca aún abierta, mi mirada perdida- ¿Te encuentras bien?
No respondo, permanezco intacta, contemplando…
Ella…- Siento que da un par de pasos, demasiado cerca, al enemigo hay que tenerlo lejos, muy lejos. Lo miro crispada.
¿Qué… que me pasó?
Bueno, se te bajó la presión y debido a la falta de oxígeno que no llegaba a tu cerebro hubo una inestabilidad.
Asentí.
Ella, ¿tienes algún problema… que? No se.
¿Por qué ahora señor Bianche? ¿por qué no me llama Katrina?
Me miró penetrante, inexpresivo.
¿La va a llamar?- Pregunto tras unos instantes.- ¿O lo hago yo?
Asiente y saca el móvil.
Lo miro de reojo, soy demasiado orgullosa y rencorosa, en eso salí a mi padre, se me hace un nudo enorme en la garganta al sentir que la persona que horas antes había intentado humillarme, ahora intentaba ayudarme.
Déjalo.- Mi voz suena ronca.- Ya la llamo yo. ¿Mi móvil?
Lo siento, está en clase.- Más contras
Intento no parecer afectada, pero su cercanía sumada a lo sola e indefensa que me encuentro no lo hace posible.
***
Ella, Ella, cariño, ¿estás bien?- La imagen del rostro angustiado de mi madre me sobresalta de ese pesado sueño, del cual solo había sido una tapadera para no soportar a Bianche.
Sí, mama, tranquila- Sonrío con pesar y suspiro.- Estás muy pálida- desliza sus manos por mi rostro y se sienta al borde de la cama.
¿Por qué? ¿por qué la bajada de presión?
Deshidratación y… oh, Ella.- Me abraza repentinamente y siento como si el corazón me faltase, porque ya no hay palpitaciones.
El abrazo dura mucho, más de lo necesario, pero no me desprendo, porque siento que si lo hago es como si algo me faltase.
¿Estás bien?
Asiento una y otra vez, con constancia, sus preguntas me devoran con fiereza, siento que alguien nos espía por la rara sensación de incomodidad que empiezo a sentir.
¿Ha ocurrido algo? No se, es la primera vez que te ocurre algo así. Eres una persona muy sana, demasiado, nunca has tenido nada raro.- La miro con pereza y dirijo mi mirada hacia la puerta. Me inquieto internamente, porque Bianche está detrás de ella, puedo intuirlo porque la puerta está medio abierta y su sombra está reflejada ante el suelo. Ese ser está manipulando la puerta lentamente para luego dejar verse su cabeza.
Esos ojos penetrantes me miran y junto a ello niega con la cabeza con lentitud.
Vuelvo a mirar a mi madre, aún confundida, las acciones de Bianche no son muy cuerdas, no son propias de el.
Niego con la cabeza levemente a mi madre, que observa varias veces su móvil, mientras un sonido chirriante sale de el anunciando sus mensajes.
Perdón…- Dice mientras extiende su mano para coger el aparato.
Aún desconcertada asiento y vuelvo a mirar dirección la puerta, pero en esta ocasión no hay rastro de ese que estaba allí. La puerta está de nuevo cerrada, intacta y libre de humanidad.


