martes, 14 de mayo de 2013

C.2 MI PIACE DI CANELLA


Por suerte los días que me quedé en aquel hospital fueron escasos, y la mayor tiempo del día no me aburría puesto que dos razones me lo impedían; mis intereses y entretenimientos como el móvil, la televisión y la brisa que se asomaba por la ventana eran justificaciones para no estarlo, además, eso restaba horas en las que no permanecía en aquel infierno lleno de libros.
Pero todo pareció finalizar al perder la cordura que había tenido desde que tuve uso de razón. La locura es un cierto placer que solo el loco conoce, es una de los lemas que me he impuesto a lo largo de mi existencia, y yo, no estoy decidida a perderla en esta corta edad, en la que apenas, puedo presumir de saber lo que no se.

Todo comenzó cuando al segundo día de mi estancia en el hospital se hizo pesado, la sensación de ser espiada me confundía e incomodaba… por lo que me dediqué a pasar desapercibida y navegar mientras veía mi programa favorito.

Hola… ¿se puede?- Bianche mostraba una media sonrisa mientras asomaba media cabeza por la puerta tras torcarla. Me inquieté internamente y lo miré inexpresiva. La tarde pasada, tras su advertimiento no volví a verlo, se marchó.
Asentí levemente mientras concentraba mi mirada, ahora, en sus manos. Sus odiosas manos traían consigo una caja, cuadriculada, con un lazo dorado y fondo transparente por el que se dejaban asomar unas pequeños dulces de… oh, forma de espiral, color chocolate, algunos son alargados y otras no tantos. Son dulces de canela.
Recuerdo con mucha claridad cuando él me los traía, era mi regalo de cumpleaños, mi regalo de navidades, mi regalo de mi santo, mi regalo de su vuelta… Recuerdo su sabor, no con, ya tanta, claridad, es un vago aroma que está impregnado en mi paladar. Una sonrisa amarga se dibuja en mis labios y me muerdo el labio inferior. Puedo olerlo desde aquí.
Lo miro a los ojos, a esos ojos castaños que tantas veces temí y que ahora me regala ese momento. Nunca quise volver a comprarlos, no solo por ese nudo en la garganta, de probarlos sabiendo que ya no está, porque de él procedía, era el encargado de hacérmelos llegar. La otra razón… bueno, la otra razón es por la duda de que pronto me los vaya a traer, porque está allí… no sé, quizás.

¿Estás mejor?- Sus palabras en cierta forma destruyen mi pensamiento, aunque lo agradezco, porque no quiero seguir profundizando.
Sí…- Ese sí suena sin ninguna fuerza, atravesado, mi eco aún revive en la habitación
Se acerca unos pasos más, seguro, y me mira con curiosidad. Extiende la mano… como el lo hacía. Me mira con inseguridad… una mirada conocida.
Los cojo con lentitud, como si no quisiera la cosa, y los vuelvo a mirar indecisa.
He pensado que te gustarían.- Vuelvo a mirarle
Oh, gracias, mu- muchas gracias. Me gustan estos dulces.-Vuelvo a leer en el lazo dorado, como siempre hacía, su etiqueta: Mi piace di cannelle.
Veo que estas bien entretenida…- Mira la tablet que se encuentra sobre la mesita y mi móvil encima de la sábana.
Sí, supongo.
Tus compañeros preguntaron por tí, esperan que te recuperes.- Ahora muestra una sonrisa y se acerca más.
Oh.
El silencio se hace presenta y empiezo a sentirme más incómoda y nerviosa, y no solo por la presencia de aquel silencio, sino por su cercanía. Puedo darme cuenta que su pelo es algo más claro, casi cobrizo, sus ojos están fijos, intactos sin movimiento. Se ha puesto un jersey ajustado, que deja ver su figura musculada bien formada, color oliva, debajo tiene una camisa fondo azul marino liso cuyo cuello y mangas lo revelan, Pantalones beige, cinturón marrón y zapatos formales marrones a juego.
Mierda, mierda, mierda. Se ha dado cuenta, soy tan estúpida, me ha visto inspeccionar su vestimenta, no suelo ser tan descuidada y directa, pero en esta ocasión me he dejado llevar.
Me está mirando de una forma diferente, aparto los ojos porque me siento cohibida. No es tan mayor como creía, superará los treinta dos. Levanto la mirada tras mi suposición, y encuentro su mirada fundida no sobre mis ojos ni otro lugar lejano.
Gracias por la visita.- Hablo intentando mantener el hilo de voz que duda en romperse
Sonríe con dulzura y cierra levemente los ojos para responder
No hay de que… supongo que es una manera de disculparnos el uno con el otro.- Lo miro confundida y alzó las cejas
Sí, bueno, yo por mi falta de compresión y decisión y tu por tu grosería.
Vuelvo a mirar la caja de dulces, para no dejar salir por mi boca una mala contestación.

Silencio.
¿Quieres que te ayude a abrirlos?- Lo vuelvo a mirar y asiento dándole la caja
De manera curiosa su dedo toca la yema de mi dedo rozándolo, siento que los mira con atención, el acto se hace duradero. Luego desliza sus manos en torno ese lazo que lo ata, y hace ademán de abrirlos cuando retrocede.
¿No te gustaría compartirlos con chocolate caliente?
Am, pues… no me gusta el chocolate.
Alza levemente las cejas.
¿Zumo de melocotón?
Tampoco.- Duda perdido y alza las manos
¿Piña?
Sí, me gusta la piña.
Entonces, espérame un momento.
Lo veo alejarse, salir por la puerta y girar el pasillo.
Suspiro con sonoridad y me sacudo el pelo, miro a través de la ventana para esconder esos pensamientos. Sus acciones son raras, extrañas, porque de las veces que me había enfermado nunca había actuado de esta forma.
Entra por la puerta sonriente, con las manos ocupadas, servilletas y vasos.
Los deja encima de la mesa e intenta acercar un sillón.
No, no, puedo levantarme.- me mira indeciso y niega con la cabeza
Tampoco tengo nada, es una simple- dejo la palabra a medias y me quito la sábana, saco un pie y salgo de la cama a continuación. Mi vestimenta es simple, un vestido de hospital azul claro, mi cabello negro se desliza por mis espaldas demasiado largo. Me calzo las zapatillos, mientras este se dispone a contemplarme desde el sillón.
Camino hasta llegar a este, me siento en el sillón en frente de este y bebo un poco del zumo. Lo miro con desagrado y muestro una mirada de asco mientras con la mano pegada en la boca intento no vomitar ese zumo de arándano.
Me cuesta tragarlo pero lo hago sin más, cerrando los ojos con fuerza.
¡Que asco! ¡Es asqueroso! Te dije que quería de piña, no me gusta el arándano.-Enojada protesto por la asquerosa bebida que me tuve que tragar.
 Lo siento, ese era el mío. Te has equivocado.- Responde mirándome dubitativo
No respondo, estoy enojada y aún ese sabor revive en mi boca. Decido abrir la caja de dulces de inmediato, con brusquedad, porque de seguro eso eliminará este sabor.
Cojo uno, el más grande y lo muerdo. Al principio lo primero que entra por mi boca es ese característico aroma principal y después se desprende la miel por mi boca. Me paro un momento y dejo que el olor se discurra por toda mi garganta, miro a Bianche que me mira con atención, sonrío amargamente y vuelvo a retomar mi posición.
Morder, chupar, oler y tragar.
Así con constancia…
¡Riquísimos, están exquisitos!- Al tercer dulce el comentario es inevitable, me mira divertido mientras toma su asqueroso zumo.
Me alegra saber que me decanté por el correcto. Estuve a punto de decantarme por una de chocolates.- Sonríe con esa sonrisa irresistible y niego con la cabeza mientras sonrío.
Los chocolates no me agradan tanto como estas dulzuras.
Te ví cerca de unos días atrás en la televisión.- sus palabras me pillan por sorpresa
Sí, estuve en un campeonato durante estas vacaciones, practico baloncesto.
Pues ha de decir que eres una jugadora muy buena. ¿Alero?
Exacto, Alero. Al principio intenté con escolta, pero demás de otras razones soy de altura intermedia para ello.
Am, pues si, eres alta.- Me observó desde abajo y fue subiendo con descaro.- ¿Has practicado algún otro deporte?
Sí, en algunas ocasiones concursé en ciclismo, fútbol, tenis y beisbol.
Que suerte, eres muy deportista. Todo lo contrario a mi persona.
Lo miré confundido mientras bebía zumo.
Pues pareces atlético.- No me intimidé, como el no lo había hecho.
Sonrío divertido y arrugo levemente la frente.
No suelo practicar pero practico…
Los de historia sois amargados, no parece que tengáis vida social.- Le vino de improviso porque me miró curioso y no dijo nada
Bueno, ya tienes una imagen… digamos más buena del de historias.
Sí, Bianche.- También de improviso
Llámame Damián.- No pareció molesto.
Asentí y dejé el zumo sobre la mesa volviendo a mirarlo de reojo y contemplar la hermosa sonrisa que volvía a dibujar sobre esos labios carnosos y rojos.
***
Suspiré con soltura y volví a mirar a mi madre, que parecía no darse cuenta de mi estado de ánimo.
Mama…
¿Aja?- sin mirarme, pegada a ese aparato desde el sillón
Mama me quieres mirar
Espera Ella, es importante.

Mama…


Mama, contéstame.
Sí Ella, hija, me parece muy cortés la visita de… tu profesor de historia.
Me trajo… dulces de canela.- Ante la última palabra de repente levantó la vista y me penetró con su mirada
Aquí están.-Cogí la caja desde la mesita y la agite levemente
Se levantó y caminó lentamente apretando los labios con fuerza, tanto que sintió que en cualquier momento podía lastimárselos, inspiró y espiro lentamente y sin preámbulos y lanzó, aún con el aparato en la mano derecha.
¿Y te encuentras bien?
Claro… hablando de eso, ¿cuándo saldré? Se supone que ya nada me pasa, no fue tanto.- Respondí con sultura
Me quitó esos ojos verdosos de encima y observó con indecisión la habitación.
Ya falta menos… y, no, no era eso Ella. Emocionalmente
¿Cómo quieres que me sienta?

No sé, mama, que quieres que te diga; me parecieron los dulces muy buenos, favorecieron mi autoestima, y además ese sabor de canela era tan intenso que me estremeció.- Me  mira sin mucho gozo

Hace mucho que nos los pruebas…

Sí… y no han cambiado.- Esta vez fui yo la que quitó la vista de sus ojos y miré al exterior, esperando con ello, no pensar en lo inevitable, hacer de la situación la más afable

Ella, cariño, tu padre vuelve hoy a Venecia, y esta noche vendrá.- La volví a mirar confundida, después curvé los labios anunciando una sonrisa y asentí. El nudo que se había formado en la garganta era imposible de olvidar, pues, hacía mucho que no recordaba tal suceso y en este momento en concreto no creí poder despejarme de ello tan fácilmente.

Mírame.- me cogió del mentón y ví como en sus ojos se plantaba un brillo intenso, que hizo que ese color olivo destacase más.

Debemos ser optimistas… y dejar que el viento se lleve lo que un día por desgracia sucedió, porque de nada sirve recopilar sucesos que solo nos logran dañar.- Siempre había admirado a mi madre en estos aspectos, en saber enlazar tan bien las palabras, porque se hacía creíble y tranquilizadora.- ¿Sí?- volvió a sonreír dejando escapar esa vocecita la suya.

Asentí mostrando una sonrisa amarga y cogí la caja para volver a probar uno de esos dulces, porque a pesar de ser los causantes de esa extraña sensación de melancolía, me hacían ver que todo puede ser bonito si tú quieres.

Como si fuese la primera vez disfruté con ese sabor, como una niña de siete años los mordí con tanta pasión que estuve a punto de no volver a recodar lo dañino.
La puerta se abrió y tras ella, un ser de mediana estatura, peso medio y cabello rubio teñido, se dejó ver, mostrando una entrecortada sonrisa.
Hola, Ángela. Pasa, vamos.- La recibió mi madre afable
Buenas tardes señora Russo.- Caminó un par de pasos hasta colocarse a mi lado besó la mejilla de mi madre como acto de saludo y se volvió a mi haciendo lo mismo.- ¿Cómo te encuentras Ella?- Su vestimenta, un vestido color anaranjado claro con lunares blancos y un pequeño lacito en torno a la cintura, en el hombro una rosa blanca se extendía por esta. Sobre la cabeza llevaba un sombrero primaveral color blanco y de calzado calzaba unas sandalias romanas blancas.
Bien, gracias.- sonreí
Bueno chicas, voy a aprovechar para hacer unas llamadas.- Ambas asentimos

Ella… te tengo una noticia.

Asentí para que continuase y no obtuve respuesta, pensó un par de minutos…
Esta semana, el miércoles tenemos campeonato.-paró y volvió a retomar el tema.- Maira nos comentó que debido a tu estado de salud y… por los días que no pudiste entrenar no podías competir en el.
¿¡Cómo!? ¡No, no, no! Ni hablar, estoy más que preparada, de hecho, he hecho el doble de entrenamientos que todas, y además mi salud no es objeto de impedimento.- Alcé una ceja mientras la observaba, parecía molesta.
Ya, pero Ella, comprenderás que no soy yo la que lo decidió. Tendrás que hablar con ella, ¿si?- Cambió su expresión por una más agradable, asentí.
¿Cómo os va?
Pues muy bien, ya sabes, la primera semana es relajada después ya vienen los exámenes… y todo lo demás. Por cierto, vaya numerito montasteis el lunes.
Sí, bueno…
Tuviste que verte, estuviste… Wao, indescriptible, un tono de sarcasmo y a la vez… Lo que si me desconcertó en cierto modo la reacción del de historias.
Sí, supongo.
Desafiante Ella, muy desafiante. Lo que no comprendo es… porque te siguió el juego. Creí que ya había avisado a dirección para… no sé.
Sí, al principio yo creí lo mismo, se comportó de manera inhabitual.- La miré con desdén
¿Alguna corazonada?
No… en serio, no pienses en paranoias.- Movió ligeramente las manos mientras hablaba, sus uñas estaban pintadas cada una diferente, una con rayas blancas y negras, otra completamente negra otra con el fondo blanco y lunares negros…
Tienes razón. Es mejor no darle muchas vueltas.- concluí finalmente con soltura.
¿Y esos dulces?- Se asomó un poco hacia la mesita del sentido contrario alzando las cejas levemente.- ¿De canela?- Alzó más las cejas con atrevimiento
Asentí
¿Quién…?
Mostré una pequeña sonrisa
Bianche digo Damián.
Puso los ojos en blanco y me miró confundida arrugando esta vez la frente.
No.- Pareció indignada
¿Cómo que no?- Reclamé con el tono más elevado casi refunfuñando
Es decir, no es posible… además, no pudo haberte visitado después de.- Pareció morderse la boca y quitar la mirada, la miré con desdén enojada
Después de que Ángela, no me mientas, sabes que no soporto que me engañen.
Tranquilízate.- Recapacitó.- Ella, no te lo tomes a mal, como buena amiga que soy te lo contaré pero… ni una palabra. Veamos, al día siguiente estuvo comentando que eras una mal educada, que nadie se había atrevido a responderle en los años que ejerce, entre más. ¿Y ahora me dices que te visitó trayéndote tus dulces de canela?
Estúpido, idiota, subnormal, enfermo.- Las mejillas se me sonrojaron bastante, siempre que me cabreaba a un nivel alto las mejillas y las orejas se me sonrojaban.

¿Y dices que te visitó para?

¿Tú qué crees? Merendó conmigo y todo el estúpido. Ignorante, no sabe que lo pasado queda en lo pasado, que la historia al igual que su profesión no sirve para que en un futuro me mantenga.- Me escuchó con atención

Pero tranquila. Ella sabe lo que hace, de ella nadie se ríe y menos a sus espaldas, y menos un palurdo como Bianche.

***
El agua traspasó mi piel, sentí como descendía por ella, caer y de nuevo otra descender hasta completar el mismo proceso… Tenía sueño y estaba cansada, solo ansiaba poder estar tumbada sobre mi cama, dormir, hacer lo que sea por no tener que volver a esa cárcel.

La visita de mi padre fue horrible.
Horrorosa, al principio quiso hacer de la situación la más serena, pero nada podría calmar ese día. Dice que el amor volvió florecer en su vida. Que una bella semilla, Renata, le despertó pajaritos en la panza. Es ridículo.
Pero como buena hija que soy fingí estar tan contenta que le felicité, y como no, me dijo que quería presentármela.

En estos momentos, lo menos que necesito es conocer a nuevas pirujas en mi vida. Quisiera explotar esta molesta burbuja, me dejan a parte en un campeonato, súper importante, la presencia de un profesor que parece querer vengarse de mi sarcasmo.
Salgo de la ducha con una toalla enredando mi cuerpo al completo y otra haciendo lo mismo con mi cabello. Me miro al espejo, y examino mi rostro haciendo lo mismo con mi cuerpo al completo y me voy vistiendo al momento. Mi uniforme escolar es una falda negra, camisa blanca, corbata negra y chaqueta negra. Zapatos negro con calcetines largos del mismo color.
Me suelto el pelo, que cae como una cascada por mis hombres, solo que a diferencia, el agua es negra. Me retoco un poco con rímel y finalmente me pongo el reloj recogiendo mi mochila mientras meto en él el móvil.
Bajo las escaleras mientras busco con la mirada a mi madre, en la cocina sentada sobre la silla de la mesa central sosteniendo entre sus manos una taza.
Buenos días mama.- mientras saludo a mi madre la beso en la mejilla y me hecho zumo de piña en mi vaso.
Me siento sobre la silla en frente suya y mientras le doy un sorbo al zumo me como unas tostadas, así con constancia hasta comerme dos.
¿Mama por qué estás tan callada?- Está seria e inexpresiva y eso me preocupa porque siempre está en un estado de ánimo diferente. Me mira con esa mirada de indiferencia y niega con la mano levantándose de la mesa con cara de pocos amigos.
***
En cada clase intento recopilar la mayor información posible y le dedico toda la atención y entusiasmo que mi mente me lo permite, en cierto modo, quiero hacerlo por mí, porque sé que es mi obligación y no quiero repetir curso y por otro lado no quiero fallar a mis padres y tampoco quiero que me saquen de Baloncesto, porque parece que se olvidaron de sus promesas.
La clase que más me ha aburrido de las primeras tres es la de Tecnología, en cambio, las matemáticas no tanto, son tan solo fórmulas que intentaré memorizar y literatura no es más que la novela fantástica, cuyo libro que me tengo que leer es Cumbres Borrascosas.
Me siento en un banco junto con Ángela, Sandra, Alexander y Valentina. Tras pasar de la cafetería todos mantenemos una conversación estable, sobre los próximos campeonatos o lo original que es o no una película que están a punto de estrenar en la cartelera.

Tras ese corto recreo volvemos, de nuevo, a retomar los estudios, entramos como una panda de sumisos. Cada uno en su proveniente celda…
Me siento en silla y empiezo a sacar las cosas de Historia, mi mesa está al final, empieza a hacer un calor sofocante y me quito el jersey. Si pudiera, me quitaría la camisa, pero está prohibido.
Por lo que me limito a remangarme las manos hasta donde me lo permite la camisa, que parece la de un demente, de fuerza.
Empiezo a abanicarme con un papel y miro al exterior, está tan limpio como una calle en la madrugada, solo que esta es clara y no oscura. Oigo la voz de Bianche, pero eso no impide que mi atención llegue a él. Tengo bien marcado que en Historias solo la memoria es tu amigo, de nada sirve la atención.
Vuelvo la mirada al darme cuenta de que ha empezado a pasar lista y al oír mi nombre, levanto la mano con un presente.
Me mira de reojo y me mira picarona, o es que me lo he imaginado, yo por el contrario lo miro con indiferencia. Espero a que quite la mirada y vuelvo a volcarme en ese angosto paisaje.
***
Intento que este día pase rápido, ligero… por lo que antes de entrar a la siguiente clase me doy un respiro bebiéndome un vaso de café amargo. Tras terminar el último sorbo me meto en la clase y busco discretamente con la mirada a la traviesa.
Al encontrármela, sola, al fondo, parece estresada, se abanica con un papel y de vez en cuando echa la cabeza a tras como signo de calor. La examino discretamente, y me fijo en la piernas, se le han bajado los calcetines o se los bajó a propósito, se ha desabrochado unos cuantos botones de la camisa y su mirada hacia la ventana monótona. Empiezo a pasar lista para terminar con el día, aunque no quisiera apartar la mirada de ella.
Al nombrarla me mira con simplicidad, podría afirmar que no es su mejor día porque siento que está estresada y poco animada.
Ella, ¿por qué no te sientas hoy en primera fila? Claudia a faltado.- Me mira con cara de pocos amigos y respondo con pesadez.
No me importa quedarme en última fila, me entero bien.- La miro durante un instante
Pero no creo que debamos echar a perder este lugar.- Asiente y recoge sus cosas.
La veo avanzar hacia mí, se mueve como si estuviese danzando, su cintura sigue un ritmo y sus piernas tonificadas se mueven bajo el haciendo que la falda suba unos centímetros.
Se sienta en frente mía, ya que el lugar lo exige, y abre el libro por tal página.
¿Quieres empezar a leer el tema?- le propongo animado
Me mira alzando levemente una ceja
¿Página?
131.
Asiente y empieza a leer con esa vocecita de niña buena. No de traviesa. Aceptando órdenes sin refunfuñar. Su voz, melodiosa, en un momento concreto se para y tras un instante me mira en busca de respuesta. Reacciono y empiezo a explicar el tema, de no ser porque me lo se de memoria, no hubiera podido explicarlo…
Coge un lápiz y empieza a escribir en una hoja, bosteza varias veces y luego vuelve a dejar el lápiz y me vuelve a mirar con indiferencia.
Termina la clase y ella recoge sus cosas para marcharse de nuevo a su sitio, la observo hasta que se sienta. Veo que Ángela me está observando pero que al darse cuenta quita la mirada sobresaltada.
***

Camino lentamente mientras oigo los ánimos entre otros gritos hacia ambos grupos. Estoy a punto de sentarme sobre los muros que forman bancos largos y uniformes sobre varias líneas y alturas uniformes. Todo es grisáceo, salvo por el fondo de la canche, aparte de las líneas blancas un rojo desgastado y flojo lo caracteriza.
Sé que no tuve que venir, pero encerrarme en casa y pensar en que no estoy aquí, es mucho más absurdo.
Pero pasará, pasará y volveré a jugar en el campeonato, porque hay decenas de campeonatos por delante…
Me siento convencida y algo consolada sobre el filo de piedra que me sostiene y empiezo a divisar cada uno de las jugadoras. Serena, Abi… y Ángela.
Ángela juega muy bien, he de admitirlo, pero yo la supero. Y no solo es mi punto de vista de anfitriona, también me lo había comentado la entrenadora: <<Ella, si sigues así llegarás muy alto en Baloncesto, me alegra tenerte en el grupo>>
Indirectamente… pero lo me dijo. Porque al contárselo a Ángela sus ojos no transmitían mucha alegría, ni tampoco un tono opaco.
Ella, ¿sabes cuantas jugadoras a tenido Maira en sus largos cuarenta años?
Fueron sus palabras sarcásticas.

El partido fluye tan lentamente al ser yo la anfitriona que no puedo disfrutarlo. Porque no soy yo la que lucha por la pelota y vence metiendo canastas. Son otras.
Llegó la hora de que concediesen el descanso y Ángela junto a Abi y otras chicas salen de la cancha, me mira de reojo y sonríe moviendo una de las manos para que venga.
Me levanto mostrando una pequeña sonrisa, la más sincera posible aunque dudo de mi capacidad en estos momentos.
Me coge de la mano al estar a unos metros y me empuja levemente del brazo para alejarnos del resto. Dubitativa le pregunto que está haciendo pero no me responde lo único que hace es hablar con susurros hasta que comprendo de quien me está hablando.
***
Su rostro muestra confusión y descompuesto su mueca es distorsionada.
¿Qué estás queriendo decir Ángela? ¿Acaso tu cordura ha desaparecido?- Me reclama en tono irónico
Buf, Ella te estoy hablando con sensatez. He visto como te ha estado mirando mientras leías, atendía tus actos en las explicaciones y levantar para tu sitio te siguió con la mirada y- me paro en la frase para abrir más los ojos y mostrar una sonrisa acompañada de repugnancia- Te comió con la mirada.
Arruga la frente y me mira designada, luego pierde el color.
No puede ser cierto.- Piensa en voz alta mientras su mirada está situada en una pared, perdida…
Por eso los dulces y esa cortesía de repente, y antes la pelea que tuvieron y no te hizo nada, te siguió el juego.- Mis palabras parecían afectarle, por lo que disminuí el tono
Soy una estúpida.- No entendí su declaración
Estúpido él, mira que fijarse en una chavita de dieciséis.- Me miro con cara de pocos y amigos y la consolé con la mirada
¿Cómo pretendes ahora que conteste a sus preguntas? O que acate sus órdenes, que me puntúe cada- Paró en seguida y me miró recuperando el color, sus ojos grisáceos se tornaron de un brillo intenso, casi mordaz.
¿Qué pasa Ella? ¿Ahora que tramas?- La mire confundida alzando una ceja mientras ella perdida mostró una leve sonrisa.
Angie, el amor no entiende de edades.
***
Renata es una mujer de treinta y ocho y es psicóloga. Tiene dos hijos, una niña de once años y un hijo de veintidós.
Eso es lo poco que me dijo papa. Hoy hemos quedado para cenar en un restaurante en la ciudad, ya que, su novia quiere conocerme. La idea no me hacía tanta gracia pero pensándolo más a fondo todo encajaría como en un puzle.
Necesito que mi padre esté de mi parte, y para ello, tengo que apoyarlo. Intentaré pasar de su piruja y centrarme en lo prioritario.
Para la ocasión mi vestimenta se basa en una camisa blanca formal, colgada y de tela suave, los botones de esta son dorados y forman una bolita pequeña. La falda es color salmón y también es formal, tiene pliegues como la del uniforme y acompañado de un cinturón cuyo centro tiene un pequeño lazo marrón, manoletinas marrones y en el cabello lo dejé suelto junto con un pequeño lazo marrón.
Por último salgo por la puerta y me dirijo a la sala de estar, en donde esperaré a papa, donde me recogerá.
En el sillón se encuentra sentada mama. Parece que tiene la cabeza cabizbaja y cierra los ojos mientras mantiene las manos sujetando el cabello.
Mama…-La llamo acercándome
Sonríe con amargura, sé cuando una sonrisa es sincera y cuando no lo es, supongo que es instinto de hijo.
Estás preciosa.- Me dice con apenas un susurro, la miro preocupada y me siento a su lado mirándola con desdén.
Te veo decaída.- Digo sin pensar. Porque una de las cosas que tanto repugna ella es que le reclamen su estado de ánimo, que se metan en sus asuntos, y más si son internos. Pero no me importa su enfado.
No es nada cariño, solo estoy algo cansada.-Me responde con soltura pasando una mano por mis hombros, me atrae contra sí y susurra sobre mis oídos.
Mi niñatilla ya es mujer.- eso me hace amargamente recordar algo, que sin mucha y con mucha gracia me hace incomodarme.
Sonrío y penetro sus verdosos ojos que perdieron el brillo. Su vestimenta de casa, un pantalón de pijama blanco, una camiseta mangas cortas y zapatillas. Su cabello destrozado, oscuro y en una coleta alta.
Oímos que el timbre ha sonado y me sobresalto dirigiéndome hacia la puerta.
Mi padre lleva un traje negro, corbata azul marina y camisa blanca. Sonríe y pienso si todos los días pudiese mama sonreír de verdad, aunque solo fuera en un solo momento, le devuelvo la sonrisa y le hago pasar.
Se asoma y ve a mama, quien ha arreglado su compostura en el sofá y nos mira desde allí.
Buenas noches Bianca.- Saluda mi padre
Buenas Marco.- responde mi madre, siento como intenta reanimar su voz, hacer que parezca normal, aunque no lo consigue.
Observo de reojo a mi padre, veo como mira a mi madre, es algo entre pena, lástima… no, no quiero que nadie sienta lástima hacia alguien que quiero. Nadie.
Nos despedimos y luego nos marchamos.
Tras salir por la puerta papa y yo nos desplazamos al coche en silencio. Las palabras sobrarían y en este momento lo menos que deseo es establecer un tema de conversación, ver como dejo a mi madre me ha destrozado. Me siento culpable, pero por alguna extraña razón siento que no soy yo precisamente la culpable, sino este ser que me arrastra.
Me siento en el asiento copiloto y el comienza a conducir. De forma calmada y con tan soltura que puedo sentir como intenta estabilizar la presencia.
No suelo salir con mi padre, y si lo hago es por alguna conferencia o tema demasiado valioso para irnos solos.
Pone la radio y empieza a sonar una melodiosa canción. Lenta, casi pausada, atravesada en ese eco en el que suenan las cálidas farolas charlar con las aceras.
Pierdo mi mirada por la ventana, viendo como los semáforos, farolas y árboles corren, se mueven con fuerza, precisión. Y siento envidia.
¿Cómo te van las clases?- Empieza a mover los labios
Bien-me mira con desconfianza.- Más bien que en los últimos años.
Eso esperamos.- concluye entrando guiando en un parking, nos bajamos del coche y este mismo es desplazado por un empleado del restaurante.
Me mira a los ojos, ese color negro me atraviesa mi iris, demasiado… es demasiado para mí, porque desde siempre me ha costado mirar a las personas a los ojos, es como una confesión y lo menos que quiero es tenerla con él.
Ella, Renata es muy importante para mí, la quiero y… quisiera que os llevarais bien, me encantaría que concordarais.- Lo miro con cara de pocos amigos al recordar que mama está tirada en el sofá muerta del asco, desolada, mientras él piensa en esa Renata. Asiento y lo calmo con la mano.
Tranquilo papa, si es importante para ti, lo es también para mí.- intento parecer sincera pero en su mirada siento como rastrea cada facción de mi rostro. Lo animo sonriendo y dándole paso para que entrase y finalmente se resigna a sonreir.
En la entrada un señor con trajes lujosos y frente a una alta mesa con papelitos nos recibe y nos muestra la mesa que reservó papa. Nos encaminamos a ella y diviso entre la multitud a unas tres personas. Aprieto los puños y miro hacia ambos sentidos, buscando evadirme, fingir no darme cuenta.
Pero sencillamente el mundo no me comprende.
El lugar está decorado de manera clásica, una grande lámpara de cristal, cuya forma es de una araña, se esparce por el centro. Las mesas están repartidas por lo que parecen ser filas de mesas lineales entre los dos sentidos. Hay melodía lenta de fondo, están tocando el piano y sea quien sea tiene madera para ello.
Me está empezando a faltar oxígeno, porque cada vez que un momento como este ocurre en mi vida mis pulmones necesitan de una sustancia más potente. Intento resistirme y no parecer tan demente y sigo caminando intentando ser precisa. Mis pasos se hacen lentos, aunque intento devolverlos a la normalidad, miro a mi padre y el aún sigue evadido de todo lo llamado familia del pasado, porque al parecer si algo pasó en el pasado, el no se acuerda.
No quisiera culpar lo pero aunque intenta resistirme me sale de manera natural pensar en tales palabras.
Relajo los puños porque ya llegamos, mi padre muestra una pequeña sonrisa y me invita a sentarme primero.
Renata es rubia, ojos marrones, una mirada-de piruja- tentadora y robusta. Su vestimenta es un vestido color olivo y negro por la mayoria de los bordes, en el hombro derecho lleva como un lazo colgando y en el otro una tira normal, de peinado lleva un moño que forma un caparazón en lo alto, muy formal.
Buenas noches.- saluda mi padre y sonrío levemente
Buenas noches.- contesta una voz masculina, me giro con lentitud y me doy cuenta de que entre esos tres había un género masculino. Supongo que es su hijo.
Es cobrizo claro, ojos castaños y por lo que puedo medir estatura más alta de lo normal para su edad. Muestra una pequeña sonrisa, sus dientes blancos resaltan, y acaba percatándose de mi observación.
Mueve la mano hacia mí y veo como respondo tocándosela de tal manera, como signo de saludo, me vuelvo y hago lo mismo con la piruja y la niña. El cobrizo lleva un traje azul marino, corbata azul y camisa blanca.
Me ha dicho Marco que estuviste hospitalizada, ¿como te encuentras Ella?- Me dice la rubia mirándome, intentando ser afable
Muy bien gracias, me encuentro mucho mejor desde entonces.- Respondo mostrando una sonrisa
Me alegro, quise visitarte pero llegué demasiado tarde.- Mentira, mentira, mentira grande y gorda.
Oh, no pasa nada, no era nada grave.- Hiciste mejor, respondo internamente
Risitas, movimientos incómodos...
Te he visto numerosas veces en campeonatos de baloncesto femenino en la televisión.- Me informa
Si, Ella practica baloncesto y ha de decir que es bastante buena en ello.- me hace el favor de responder papa y todos sonreímos ante tal comentario
Mi padre siempre me halaga más de lo que en realidad soy.- Digo como si no quisiese la cosa.
Pues no estoy de acuerdo, eres muy buena, de hecho, tu grupo es el que más alto ha llegado a la selección femenina.- Dice la piruja falsa
¿Fabio practicas algún deporte?- Pregunta mi padre
No, pero me gustaría, no tengo tiempo libre.- Contesta con soltura
No tenemos la misma suerte que Giselle.- Miró a su hija, castaña- practica Tenis.
Oh, es un deporte que siempre quise probar.- Comenta papa
Estuve un tiempo practicándolo pero lo dejé por la rotura del pie en una temporada y ya no lo volvía a retomar.
Es una pena.- Contesta papa, no sabe lo mucho que me apena... la situación empieza a ser aburrida.

Mientras comemos, la piruja y papa mantienen una conversación picarona, se rien, gastan un par de bromas, bufan con ironía y se dicen con discreción palabras bonitas las cuales intento no escuchar, pero mi sentido del oído no me lo permite, sigue ahí presente.
Pincho con el tenedor en una pieza de ese postre, la comida ha de estar muy buena, pero en este momento todo lo que pasa por mi garganta no la siento como me gustaría. Se que me meto en la boca tal pieza... se que la mastico repetidas veces... le agrego la saliva junto con otros componentes... y finalmente me la trago y desciende por el gran tubo que tenemos.
Es el proceso que sigo hasta dejar el tenedor sobre la mesa, los demás han terminado junto conmigo y aún con esas sonrisas idiotas pegadas a los labios siguen. Pero yo ya no tengo ganas de mantener los labios curvados, sentir que hago la idiota y sobre mi rostro la falsedad apoderarse. Ya no tengo ganas de seguir en este lugar, junto con esta gente y soportar sus estupideces. Por lo que me pongo en pie y me disculpo con falsedad.
¿Me permitís un momento? Voy al baño.
Ambos asienten y los miro de reojo empezando a trazar la ruta. La noche está tranquila, armoniosa, el piano aún suena, las notas llegan a alcanzar su acorde y la melodía se hace serena y modélica. Las estrellas palpitan sobre ese manto oscuro, la luna escondida sale a recibir el resplandor de las hormigas sobre la tierra y silenciosamente, muy silenciosamente, me muevo por el mundo.
Observo las demás mesas conforme me voy moviendo, pero ahora en estas mesas no se reúne nadie, las notas tienen espacio para moverse, pueden bailar, correr, saltar... pueden hacer lo que quieran.
La lámpara enorme que se sitúa en el centro con forma de araña atravieso, mi caminar se hace más lento por varios motivos, no quiero volver tan pronto a esa mesa de desconocidos, no quiero tampoco perder este momento tan valioso porque solo ahora puedo caminar mientras escucho la melodía sonar, relajarme, relajarme sin estar relajada. Sí, eso es.
Me pregunto si en este lugar alguien más se siente igual que yo estando en él, con las mismas sensaciones, las mismas punzadas en la tripa, los mismos sentimientos, todo... quizás no, y quizás si. No se sabe.
El mundo es grande, demasiado, en cualquier parte de el, ya sea al norte o al sur, al este o al oeste en este mismo instante, en este mismo momento alguien muy parecido a mi o no tanto está en la misma situación, tan desanimado como para dejarse caer sin hacerlo.
Sonrío pensando en ello, es una sonrisa amarga, una sonrisa sincera, una sonrisa... fría.
***

No me gusta.
No me gusta nada, ni siquiera puedo soportarlo. Quiero beber más vodka, por lo que acerco la copa y  hecho más al vidrio, como en este momento estoy inestable, unas cuantas (muchas) gotitas caen por el suelo y la mesa de cristal. Pero no importa. No importa nada.
Me bebo la sustancia, lentamente... para sentirla más, para caer de inmediato y volver a empezar de nuevo. Soy estúpida, soy muy estúpida, me odio tanto...

Siento que mi rostro está húmedo y por el descienden pequeñas gotitas, es una sensación extraña ¿sabes? Porque... porque no la siento desde que mi madre murió. Sí...
Demasiado... siento que la sustancia empieza a apoderarse de mí a fondo, y me dejo caer en el sofá, tumbada, como un cuerpo inerte, aún siento el movimiento de ese órgano imprescindible dentro de mi, lo he escuchado tantas veces que en esta ocasión me parece muy extraño... porque verás, suena de manera rápida y a la vez lenta, porque siento cada latido, pero a la vez siento que lo hace de manera rápida. Como si fuese la música de fondo de un lugar cerrado, como los ronquidos de una persona a media noche, como los pájaros gorjean en una tarde primaveral... exactamente igual.
La mano me sangra, y ahora me siento realmente idiota, porque la botella de vodka ha sido el culpable, la he roto contra el suelo y... me ha dañado.
¿Qué crees que hay en esta peonza? ¿Quién la dirige? Sí, si, tal vez... no lo sabemos con exactitud, y lo sabes. ¿Y sabes que quiero hacer? Seguro que ya estás pensando en ello, y si, no dudes, eso mismo quiero, y... ya. Lo quiero ahora mismo, ya que estoy inestable y descompuesta lo quiero en este momento. Para no pensar en mi pequeña prioridad, en la única que a veces me detiene.
Momentos...momentos en los que mi mente razona con cordura... pero claro, ahora si quiero, puedo perder la cordura, la razón... todo.
Mama tenía los ojos verdosos como yo, el pelo oscuro como Ella y su mente igual... igual que la mía. Espero que Ella, mi pobre y maravillosa Ella no se dé cuenta como yo me di de la situación de mama, porque no quiero eso para ella, no... es demasiado pequeña para ello, apenas conoce la palabra dolor, y no quisiera... no, no voy a decirlo, porque no pasará.
Respiro hondo, con rudeza y sonoridad y por fin me hundo en el hueco oscuro que me espera a lo lejos.
***
¿Qué te pareció Renata?- me pregunta papa, lo miro de reojo, el me mira, sus ojos lo delatan, muy brillantes.
Es una mujer... ¿te interesa mucho papa?- Me mira inexpresivo y duda
Claro que sí Ella, no te gustó.
No, no, me pareció agradable. Esta bien.
Bien.- concluye, sus ojos escapan de mi.
¿Y qué te parecieron Giselle y Fabio?
Apenas los conozco, pero aparentan ser afables.-Mentira
Me alegra saber que causaron esa impresión y no otra.-Sonríe mirándome de reojo
El camino a casa se hace duradero, empiezo a recordar sus palabras, las palabras que no quise escuchar, esas... bonitas palabras que entrelazaban juntos. Me hierve la sangre solo recordarlo y un trago amargo se hace por mi garganta, pero aún así comprendo, que soy la persona más hipócrita, perezosa y absurda.
Pone la radio, dudo en que también esté incómodo con este silencio... porque, siempre me lo gustaron a mi.
El silencio es desbordante, intruso, causa temor y por ello supone todo un placer para mi, incluso en estos amargos momentos en los que callar significa aceptar lo inmundo. Mi mirada se pierde desde los edificios de las ciudades, cada pieza, cada luz, supone una nueva realidad para mí, que aunque parezca extraña, me es muy enfatizadora.
***
Lo beso en la mejilla y el hace lo mismo, me dice palabras no tan bonitas y camino hasta llegar a la puerta, la abro y hago ademán de entrar, el por su parte aún me contempla mientras realizo mi ruta.
Lo miro de reojo por última vez y cierro la puerta aún con la mirada clavada en esa madera maciza, color champagne. Me deslizo por el suelo, como un caracol a punto de guardarse en su concha, sumiso en sus acciones, al que tocas un ojo y se derrite como el fuego en contacto con la cera. Tengo sueño, es casi media noche y aunque no soy de las que se acuestan pronto hoy ha de decir que tengo un sueño inmenso, siento que cada costilla está desestabilizada, arrastro las piernas con tan poca fuerza que parece que estoy siendo obligada por alguien a caminar, mis ojos rastrean el lugar y me dirijo a la cocina a por un vaso de agua, porque aún me sabe la boca mal.
Y dudo en que desaparezca en un tiempo escaso, serán muchos días.
Abro la nevera y saco la jarra. Me bebo el vaso mientras contemplo sin mucha énfasis el salón. El vaso está a punto de escapar de mis manos, lo único que lo sostiene es mi poco equilibrio. Mis ojos se abren de tal manera que el aire frío me los sacude, pero aún así aun los mantengo intactos. Aún con el vaso entre las manos, camino lentamente hacia mi madre, tirada sobre el sofá, las palmas de las manos sangrando, una botella de vodka derramada sobre el suelo y gotitas de sangre descendiendo desde sus manos, como hilos...
Siento que la vista se me nubla, mis manos sostienen las manos de mama y mi voz apenas perceptible e inanimada, temblorosa se mueve por la habitación suplicando que me conteste. Pero no hay voz más que la mía en aquel lugar demasiado espacioso.
Comienzo a derramar las lágrimas al no obtener respuesta, está ebria. La sostengo entre mis manos e intento apoyarla por mis hombros, para llevarla a la habitación. La sensación que siento en ese momento es tan inaudita que siento que la autoestima se me hace añicos, vuelvo a mirarle las manos y me siento tan débil que podría caerme en ese mismo espacio y derramarme junto a mama. Pero lo justo sería hacerlo sola, sin ella entre mis brazos, por lo que espero.
La recuesto en su cama y trato de actuar rápido, voy al baño en busca del botiquín de emergencia, un perfume está a punto de resbalar, pero por suerte el frasco tiene forma circulada y se sostiene en ese espacio. Los demás componentes que se encuentran dentro del armario de cristal caen, los ignoro e intento abrir, con mis manos manchadas de sangre y temblorosas, la caja. Busco betadine, alcohol, agua oxigenada, pomada,algodón y vendas.
Me dirijo a la cama e inicio el proceso de curación, siento un hormigueo al tocar sus manos heridas, dañadas cuando pude impedirlo. Por las mejillas descienden las lágrimas, cálidas junto a ese viento frío que se deja sentir gracias a la ventana abierta que se encuentra en frente nuestra.
Al terminar le hecho pomada y cubro su mano con una venda, la tapo con una corcha y me recuesto junto a su lado, abrazándola con fuerza y hundiendo mi rostro en la almohada,  sintiendo como su aliento (a vodka) traspasa mi cuello erizandome la piel,  oliendo su perfume, como hacía de pequeña...
***
Algo está vibrando y de manera constante... me están tirando del hombro, y estoy al borde-del abismo- de la cama.
Abro los ojos con pesar y descubro que estoy en la cama de mi madre, ella, al igual está acostada al otro lado y estoy a punto de caerme.
Apago el interruptor que se encuentra a la cabecera de la cama, para que este vibrador deje de sacudirme con- sin exagerar- violencia.
Saco un pie de la cama y hago lo mismo con el otro, empiezo a caminar hacia la puerta, agarro el pomo de la puerta y lo giro, a continuación saco un pie de la habitación y me giro. Encuentro el rostro de mi madre vacío, destrozado por la bebida, pero aún así realzan sus facciones, se ve tan joven como hacía diez años, se ve tan desolada...
Salgo de inmediato, sin pensar más en ello, intentando no volver a estremecerme.

Con total soltura extiendo las manos hacia arriba.
Suspiro lentamente y me miro en el espejo. El espejo recopila una imagen fea de mi misma. Esa con ojeras, los cabellos por los aires y desmesurados, la mirada cegadora, y un toque de persona amargada que me caracteriza. Me mojo las manos con agua y me las llevo al rostro, me lavo la cara salpicándola con brusquedad y me vuelvo a mirar al espejo. Mal, me sigo viendo mal.
Me suelto el pelo y me lo recojo en una ordenada y perfecta cola alta, ahora si parece una cascada, lo de antes era una brusca curva imperfecta. Intento permanecer inexpresiva, pero mis intentos son nulos, vuelve esa mirada torpe y desleal. No me molesto más en arreglar esos ``detalles´´ y me salgo del servicio. Camino hacia el exterior. Diviso a Angela junto con Valentina, y me dirijo a ellas.
Las tres primeras clases han pasado con mucho aburrimiento, des concentración e impotencia para calmar lo soñolienta que he amanecido. He tenido que coger el bus, ha de decir que solo en una ocasión de mi vida lo hice. Recuerdo ese día como ningún otro. Era cuando tenía ocho años y estaba junto con el, los dos caminábamos con rapidez, el uno cogido de la mano del otro, claro, el arrastrándome y yo dejándome llevar.
A pesar de tener que correr tanto por sus expectativas aquello me hacía feliz, apuesto, en que vivía en el mundo de Yupi. Y fue cuando en seguida...-
Hola Ella, ¿no te sirves?- La voz de Angela me reanima, y lo agradezco de todo corazón.
No.-Es mi respuesta, ese <<no>> vaga por el aire, se pierde por el espacio y resucita gracias al tiempo. Ese <<no>> se vuelve distorsionado y nada puedo hacer para cambiarlo.
Asiente y esta mira de reojo a Valentina. Hipócrita.
Aquello me hace pensar en algo, algo tan cierto como que los patos no vuelan. Por lo que no tengo porque quejarme de su hipocresía, incluso a pesar de estarme formando una bola en el estómago siento que estoy rodeada de realismo, que aún mi cordura se mantiene.
Porque en los últimos días no ha habido más que locuras, locuras que… quisiera hacer añicos, soltarlos de la mano, ver como se esparcen por el aire y observar como se filtran por el espacio.
¿Te encuentras bien Ella, hoy especialmente estás demasiado callada y… perdida?- Me pregunta Valentina con el ceño fruncido. ¿Acaso le hago mal a alguien con mi aspecto y emoción?
No, estoy tan normal como los días anteriores.- Respondo mirándole fijamente a los ojos, veo su confusión.- ¿Y tu Tina, especialmente, hoy te encuentras bastante… como decirlo? ¿Desarreglada?- Abre mucho los ojos y me mira con más confunsión. Angela también mantiene la misma expresión con el ceño fruncido y los labios desencajados, las miro con expresión interrogativa.
Sí, si, mírate ese pelo hoy, cada uno está en una dirección distinta y… ¿no está algo amarillenta la camisa?
***

 Los pájaros no gorjean.
El sol no se refleja sobre el suelo, amarillento, fugitivo, arrogante… no.
Levanto los ojos del suelo y me encuentro con un círculo perfecto, blanco, claro, vistoso. La calle está en penumbra, lo que permite que la luna junto con las pequeñas farolas y demás luces se vean reflejadas sobre las paredes esparcidas, tan llanas como una carretera ancha y lejana. Bajo la mirada, de nuevo, y vuelvo a contemplar el agua pasar por el río. Justo en este instante cierro los ojos con lentitud, sin dañarme tanto y me paso las manos sobre el rostro, escondiéndolo todo, tapando la vista hacia cualquier espacio inédito. Siento como mi cabello empieza a verse invadido por el viento, el viento por su parte se mueve con violencia y escucho desde los lejos a la brisa susurrar, lo hace de manera escandalosa, ya que, al momento recurro a mis manos, las cuales impiden el sonido de este molesto ruido.

Aún así un chirriante sonido entra por mi oído, el cual no hace nada por evitarlo, por lo que me resigno a escucharlo. Poco a poco, muy poco a poco, voy apartando mis manos de los oídos y al mismo tiempo mis ojos se abren al unísono. Siempre me gustó esta pose, porque aunque parezca algo absurdo me siento protegida por mis manos, manos las cuales me sirven mucho.
¿Podría vivir sin ellas? No, seguro que sería imposible, por lo que ahora más que nunca las aprecio más de lo que los demás hacen. El sonido proviene de lejos, demasiado, pero aún así ese eco fugaz se convierte en un regular tic tac que no hace más que ascender a un ritmo sofocante. Me doy cuenta de que mantengo los ojos al descubierto, impregnados en esa agua que parece no estar, me inclino por escasos centímetros, pero ello tampoco deja ver mucho más que una capa negra sobre los hombros de alguien.
El eco se va acercando.
El aire está esponjoso, carga con un toque de dulzura y sinsabor que lo caracteriza en profundo, puedo oler el aroma una y otra vez, desde que mi estructura se mantuvo en ese espacio llamado banco.
El eco se hace más visible
Por mi sexto sentido puedo evocar una larga sinfonía sin tener que presentarse, puedo ver marcado en la oscuridad un lienzo perfecto, abstracto y descolorido, como muerto.
El eco está a cinco metros.
Al otro lado de la calle un foco de luz aterriza y marca el agua, el agua aunque no lo haya podido ver está allí, puedo tocarlo, está tan fría y suave que me aterra sentirla tras mi piel por el miedo de dejarse arrastrar por mis poros.
El eco está sentado a mi lado.

Me giro levemente, no hace falta, puedo sentir sus dedos  tocar  mi cuello, está siguiendo una ruta que podría significar hasta lo imposible. Lo veo. Por fin en mi iris se ve marcada toda su faz, sus ojos castaños, su cabello oscuro, un retrato tan enigmático que podría desencadenarlo, de ser posible, a través del tacto.
--

Respiro ajetreada con nerviosismo, la imagen aún sigue pintada en mi mente, con cada detalle, hasta el más desapercibido. Sus pecas, su lunar en el cuello, su pelo color ceniza sus ojos saltones castaños. Todo. Sin embargo, es como si lo hubiese visto por primera vez. Sobresaltada.
Me paso la mano por la frente, húmeda y la dejo apartada a un lado de la cama. Miro a través de la puerta, ese filo que queda debajo, por el que una luz cegadora queda a la vista. Me levanto y salgo de la cama con total fluidez y me dirijo hacia la puerta.
La abro y detrás de esta ya no se encuentra esa luz, la vuelvo a cerrar y tampoco hay luz.
Arrugo la frente, reflexiono durante esos instantes y me meto en la cama para esta vez, descansar sin pesadillas.
***
Señorita Nicasio, ¿me quiere responder a la pregunta?.-Bianche mantenía el ceño fruncido y su mueca era desagradable a simple vista, sus ojos achicados, su voz gruñona y su mirada llena de ira.
Victoria movió levemente los hombros y quitó la mirada de Bianche que parecía indignarla y sofocarla.
Bien, así vamos. Señorita Russo. ¿Usted tiene los ejercicios?- Se dirigió a mí con voz más tranquilizadora aunque no calmada. Me sobresalté internamente y contesté moviendo el rostro verticalmente
Sí profesor. ¿Por cuál quiere que empiece?- Pareció recuperar el color y asintió
La primera por favor.
Incorrecta
Mal, mal, ¿no sabe que el renacimiento se lleva a cabo en más de cuatro países? ¿Pero en Italia?- Me contestó de mala gana mirándome indignado, lo marqué con la mirada y leí la segunda
Incorrecta
La arquitectura Renacentista nació en Florencia. ¿Cuántas veces lo repetí?- Volvió a contestar malhumorado frunciendo el ceño.
Me confundí
Pero si viene bien marcado en el libro.
Una confusión la tiene cualquiera
Pero dos es mayoría.- Lo miré malhumorada y con el ceño fruncido, mientras tanto el se dedicó a esperar una respuesta más
Las tengo todas mal.-Suelto de repente, le pilla por sorpresa pero parece sereno
Inténtalo.- se resigna a decir
No es necesario perder tiempo
Pero esa pérdida servirá para algo.- Pone más atención
He dicho que no quiero seguir.- Digo concluyendo, me mira interrogativo y asiente lentamente mientras mueve su bolígrafo por su libreta

Bianca se aparta un mechón del rostro y vuelve a pinchar con el tenedor una de las piezas que componen la ensalada. El sabor agrio del vinagre le entra por la garganta y con él el tomate desciende por su boca tras masticarlo. El proceso dura unos minutos mientras ella se dedica a mirar la televisión. Se le hace entretenido aunque no pasajero. El periodismo siempre fue su pasatiempo, las noticias… aunque nunca optó por ello por culpa de sus padres.
Según ellos, no tenía aquel nivel tan bajo, necesitaba algo más distinguido.
Siempre se había dejado influenciar por los demás, era un gran conflicto es su día a día, el que pensarán. Por ello, intentaba no armar escándalos mayores y esconderse en sus enormes habitaciones mientras sollozaba por la vida que llevaba.
Se levantó de la silla al cansarse de masticar, las mandíbulas no solían responderle de vez e cuando y en este caso prefería dejarlo y volver en otro momento,  solía dejarlo todo a medias, como su trabajo. Se metió en el despacho, se dirigió a su mesa, hizo un esfuerzo por sentarse, resopló miró la plantilla que tenía encima y comenzó a mover los dedos.

Entonces… ¿Qué dices? ¿Prefieres pasar un viernes encerrada en casa o ir a tomar algo?
Aguardé y quité la mirada del reloj que comenzaba a marearme con esas agujas señalando regularmente cada número. Recordé la noche de ante de ayer y moví los dedos entre sí, estuve a punto de negarme pero recapacité y pensé en ello.
¿A qué hora entonces?- Pregunté algo desanimada intentando ponerle énfasis a la pregunta
Bien, a las diez y cuarto.- Asentí mientras me despedía, miré de reojo la hora suspiré y colgué tras escuchar una corta despedida tras el móvil.
Me senté con sumo cuidado encima de la cama, me dejé caer sobre ella de manera instantánea, observé el techo y cerré los ojos.

...

Tengo que levantarme.
Y ya.
Mi boca está tan seca que podría morir de deshidratación en ese mismo instante. Levanto de la cama, saco ambos pies, me pongo en movimiento sin mucha énfasis, camino con irregularidad, mantengo los ojos entreabiertos y... finalmente acerco un vaso de agua a mi boca. La bebo con tanta impaciencia que se me derrama parte de ella sobre el cuello pero es lo de menos, porque el aire caliente que aspiro hace que quiera dormirme dentro húmeda, fría y fresca. Dejo el vaso sobre la encimera y con insistencia busco la jarra, la encuentro a mi lado y directamente la dirijo a mi boca logrando derramar más de un chorro por mi camiseta. Dejo la jarra y me desplazo nuevamente, el suelo está cálido y la ruta hacia mi habitación se hace pesada.
Conforme camino me despierto con más rapidez, por lo que al llegar a mi habitación puedo contemplar en el espejo de en frente mi aspecto. Me desgañito desde lo más profundo y me rompo en pedazos muy chiquititos, me llevo las manos a la boca mientras dejo salir un chirriante sonido que me hace estremecerme, aunque la temperatura no lo pida. Abro los ojos con claridad de par par, lo que antes solo era entreabiertos y cansinos ahora se han espabilado con mi imagen, un recuerdo.
Examino rápidamente la hora en el rejol que cuelga de la pared, un suspiro se hace dentro de mí, aún estoy a tiempo, son las doce menos cuarto. A pesar de aquello Angela ha de estar furiosa, mi móvil sin bateria me lo afirma cuando lo enciendo pero no aparece luz alguna, me ha de haber estado llamando constantemente, pero aún así no me entretengo en ello. Abro el armario, busco prendas sin razonar, algo que alcancen mis dedos en seguida. Me desvisto y me coloco tal vestido, líneas verticales negras y blancas, ceñido y corto, zapatos altos de los mismos colores, dejo mi cabello suelto, negro y liso, y finalmente sin apenas retocarme salgo de la estancia olvidando móvil o cualquier otro aparato que pudiera comunicarme con el mundo.
***
- ¿Le ayudo en algo más señorita?- El taxista, que aparenta treinti muchos años, me mira de manera curiosa y niego con la cabeza levemente dándole el dinero para después bajar del coche. Doy un último suspiro y cruzo los dedos para que mi elección al azar halla podido ser acertada.
No le había preguntada a Angie a que lugar iríamos ni siquiera pude recordar sus suplicas para que aceptara. Aunque ahora es en vano.
Camino con precisión, intentando no mostrar mi confusión, miro al guardia de seguridad el cual en seguida me abre paso, siempre había venido a estos lugares por lo que no hacía falta enseñarle la tarjeta. Me adentro en el lugar, el sonido me hace daño en los oídos y la rechazo llevándome levemente una mano al oído izquierdo, empiezo a avanzar hacia adelante, es imposible saber si está aquí Angela, me marchito por dentro y siento que fui absurda al intentar arreglarlo.
Me siento en una silla alta, y veo a la multitud por la pista, hacer de todo menos estar quietos. Suspiro y me vuelvo hacia la barra.
Tengo que hacer muy bien mi elección, escoger a un chico joven que me sirva alcohol, de lo contrario esta noche será aún peor de lo que podría estar siendo.
Ninguna me convence aunque al azar, y ha de decir que casi todo lo hago de tal manera, mi elección se ha hecho sobre un chico que parece aproximadamente de veintiocho, lo miro con seguridad intento parecer mayor de edad, aunque va a ser demasiado difícil debido a que siempre me etiquetaron de niña buena y de menor edad de la que tengo.
- Vodka.- Le lanzo al chico
Sonríe y niega con la cabeza. Me quedo atónita e intento no flaquecer.
- No te he escuchado, ¿podrías repetirlo?- Se acerca más a mí y suspiro agraciada
- Vodka, por favor.- ¿Por favor? ¿En serio? Realmente en situaciones como estas en las que todo depende de la suerte suelto idioteces intento mantener la mirada fija y vuelve a reírse.
Se aleja de la barra, respiro hondo y recupero el color, espero y tras unos segundos vuelve con la bebida entre sus manos, se acerca a mí y me grita.
- ¿No quisieras mejor Soda o piña colada virgen?- Le miro confusa y niego con la cabeza cogiendo la bebida de entre sus manos, le pago y tomo un sorbo. Aún me mira durante el proceso y se marcha para atender a más clientes.
Miro a la multitud, inspeccionando cada miembro y tomo otro sorbo. Parece que la música me hace daño a la vista, ya que, siento que se me cierran y al abrirlos estos salen húmedos. Me quedo sentada aún, con la mirada eclipsada, sintiendo como la bebida hace su trayecto, comparando como en casa, sobre mi dulce y afable cama se escucha en toda la habitación su regularidad, sin embargo... aquí su sonido es nulo.
Ni siquiera siento que está allí, dentro, escondido, bajo mi piel. Tomo otro sorbo.
También me doy cuenta de algo, las personas que entran por la gran puerta se hacen pequeñas y al curvar la esquina... desaparecen en todo ese caos. Bebo más.
Cuando estoy un largo tiempo contemplando la escena se me empieza a hacer cansino, opto por pedir más Vodka y le doy a este vaso todos los sorbos que me permite la cantidad.
El sabor empieza a hacerse amargo, porque ya no es dulce, rápida y apenas imperceptible, ahora es intensa y agridulce. Salpico el último sorbo del tercer vaso y pienso en dejar de beber por unos minutos, mi cabeza aún contempla el espacio...
Me giro y veo varias rostros, anciosos por bebida, bebida loca y agridulce, esa que les destroza y les azota, esa misma bebida. Veo como compran su pase a lo malo y sonrío internamente burlándome de ellos con la mirada, visualizo a una semblante a mi lado y sonrío con amargura, aún el vodka ronda por mi garganta, sube... y baja.
Se me hace conocido el aspecto, pero no tengo ganas de razonar y abrir mucho los ojos, pensar y recordar. No. Solo de mirar y sonreír.
Escucho su voz, la memorizo, juego con ella y después, ya muy tarde, comprendo sus palabras.
- ¿Qué haces aquí Katrina?
***
Con el vaso entre las manos, la mirada perdida, su cabeza levemente caída y su cuerpo esparcido sobre la silla. El pequeño detalle que resalta es que está ebria, y mucho.
Intento preguntarle con quien vino y que hace en ese estado si es menor de edad, menor...
Pero no responde, solo sonríe de vez en cuando y me ofrece de su bebida repetidas veces.
La cojo del brazo y hago que se levante, pero no lo hace, sigue inmóvil, con los brazos extendidos y los pies aferrados a la silla sujetándolo contra sí desde la barra de abajo. Al ver que no va a hacer nada de su parte, la obligo de manera brusca aunque no cruel.
La alejo de la muchedumbre, la llevo al exterior y ya demasiado alejados intento reanimarla. No camina con normalidad, en su caminar está su estado, se tambalea sin ningún tipo de discreción, sonríe y no mantiene los ojos abiertos con regularidad, por lo que tengo que sujetarla poniendo una mano en torno a mi hombro. La pillo de la barbilla y repito su nombre varias veces sin ninguna respuesta más que estas:
- Bianche.
- Que lindo cabello.
- Baila conmigo.
Su voz sigue siendo frágil y dulce, aunque le cuesta pronunciar con libertad lo hace con pausas.
- Tienes que irte a casa.- Pienso en voz alta sin saber que hacer.
Normalmente siempre tengo calculado que hacer y que no en momentos en los que me veo atrapado sin salida, todas... menos esta.
Cierra los ojos ya finalmente sin dejar ver esa luz gris y se deja caer para fundirse en un sueño, en el que yo sin duda tendré que cargar, intento despertarla y no solo con gritos. La cojo entre mis brazos y comienzo a caminar...
***
La radio suena.
Puedo oírla desde lo lejos, anuncia el tiempo a lo largo del día y la que lo hace es una voz femenina finalmente ponen una canción de los beatles. Siento que mi cabeza sufre dolores intensos, son líneas que suben y bajan, que se estrellan contra mi cabeza en su ruta y se manifiestan con exageración en el espacio.
Me llevo una de mis manos, sin poder razonar cual, a mi cabeza como signo de dolor y mareo, con la otra intento sostenerla encima de la cama, incándola fondo como recurso para poder levantarme. Todo parece distorsionado. Empiezo a abrir los ojos lentamente mientras me levanto, todo parece confundidizo. Al llegar al baño me lavo la cara y llego al botiquín, del cual saco unas aspirinas, las bebo con ayuda de la botella de agua que siempre inserto para emergencias y me apoyo contra el lavabo.
Empiezo a pensar, pensar me hace daño, intento hacerlo despacio...
Agua...
Las doce...
Taxi...
Multitud...
...Vodka
...Vodka
...Más Vodka
Bianche...

El pensamiento hace que me sobresalte, lo cual me hiere fisicamente debido a la jaqueca que empieza a invadirme, me golpeo la cabeza tanto como mis fuerzas me lo permiten, intento pensar más, pero todo queda envuelto en un manto negro.
Abro los ojos de manera brusca, intentando atraparlos mientras estos amenazan con salir al exterior, al escuchar a mi madre golpear mi habitación y llamarme con regularidad. No puedo contestarle a pesar de su pesadez.
Mi estado no me lo permite y no creo que pueda hacerlo con normalidad.
La conmoción empieza a invadirme al escuchar el pomo de la puerta girarse y los pasos de mi madre atravesar el lugar, me giro bruscamente y me miro por el espejo, mi rostro está pálido y no hay restos de maquillaje.
Sigo inspeccionandome rápidamente cuando me doy cuenta que aún tengo el vestido puesto. Empiezo a desvestirme mientras mi madre golpea la puerta, sin antes hechar el pestillo, me quedo en ropa interior escondo el vestido en un cajón y abro la puerta tras tirar de la cisterna.
- Ella, ¿acaso no me has escuchado?- Frunce el ceño molesta mientras empieza a cambiar de expresión, confundida.
Salgo del baño sin decir nada.
- ¿Por qué estás tan pálida?- Se gira para volverse a mi molesta- ¿Estás...-comienza a arrugar la frente, apenas la miro pero puedo intuir que sabe de mi ebriedad, no intento abrir mi boca para no dejar salir el olor.- ¿Estás enferma, cariño?- Posa su mano sobre mi frente y niega con la cabeza mientras comienza a moverme el mentón al verme atontada
- Estoy... me duele mucho la cabeza mama, amanecí con este dolor y estoy mareada.- Respondo intentando parecer crédula, asiente y sonríe
- ¿Tomaste aspirinas o ibuprofeno?- Asentí mientras quitaba su mirada de la mía
Permanece en silencio, pensativa, puedo escuchar su respiración esparcirse por el espacio al igual que la mía, la vuelvo a mirar y pregunto de manera insistente.
- ¿Qué pasa mama?- Sigue mirándome sin respuesta, tranquila y seria
Alzo las cejas como signo de insistencia.
- Ella... verás, hace unos días te comenté que empecé un nuevo proyecto.
- ¿Sí?- pregunto más que afirmando, no lo recordaba
- Bien. Mi cliente, bueno, mi ex cliente y yo compaginamos mucho, y...- la miro con la boca torcida, empieza a abandonarme el dolor de cabeza para ser sustituido por la confusión.
- Y salisteis y... sois novios, os adorais y toda la cosa- Me pausa con una mano mostrando algo de amargura en el rostro y me doy cuenta de mis palabras venenosas
- Ella...- le quito la mirada y asiento, muestro una sonrisa amarga y hablo de manera artificial, mostrandome de acuerdo y sonriéndo mucho. Ella está petrificada mientras me observa. Finalmente dice.
- No nos afectará ¿no?- La miro apenada y recuerdo que si papa hace su vida ella también tendrá que hacerla, es difícil aceptarlo, que tomen caminos diferentes, que se separen ya del todo, que se olviden de sí mismos, es agridulce.
Ellos lo son. Sus acciones, sus palabras, todo. Pero al contrario, sonrío con dulzura y les animo.
- Claro que no mama.-le doy un golpecito en el hombro y la abrazo.- Quiero que seas feliz, que...-me cuesta decirlo más que pensarlo y razonarlo.- hagas tu vida de nuevo con alguien que te quiera.
Me mira a los ojos esperanzada, sus ojos verdes se clavan en los míos grises y hace ademán de levantarse.
- Te quiero.- me da un beso en la mejilla y se retira de la habitación.
Me levanto de la cama y me encamino al baño para ducharme... <<serán días intensos>> piensa mi subconciente como una corazonada

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